Balateabajo presenta en el Festival Sulayr «Chavalilla Mía», un proyecto que reinventa la tradición.

Grupo Balateabajo. Foto: Patricia Sánchez

¿Qué sonido puede tener un mortero? ¿Y una cántara de leche, una escoba o una cuchara de madera?
La respuesta llegó al escenario del Festival Sulayr de la mano de Balateabajo, una agrupación nacida en La Taha que ha convertido objetos cotidianos del mundo rural en una singular orquesta capaz de vincular traer la memoria al presente.
Lejos de ser una propuesta nostálgica, Balateabajo demuestra que la tradición está viva. Que las canciones que un día cantaron abuelos y bisabuelos todavía tienen mucho que decir si encuentran nuevas formas de sonar.
«Somos un grupo de reinterpretación de la música tradicional alpujarreña», explica Candela, una de sus integrantes. «Recopilamos canciones que forman parte de nuestra tierra y Miguel Hiroshi les da una nueva vida a través de arreglos inspirados en todo ese legado que nos han transmitido nuestros mayores».
Pero hay algo que hace único al proyecto. En lugar de una instrumentación convencional, la agrupación construye su propio universo sonoro utilizando utensilios que durante décadas formaron parte del día a día en los hogares y cortijos de la Alpujarra. Morteros, almireces, cántaras, cucharas, botellas, cencerros, escobas o mesas dejan de ser simples objetos para convertirse en instrumentos capaces de dialogar con sintetizadores y texturas electrónicas.
El resultado es un lenguaje musical sorprendente donde el pasado y el presente dejan de estar enfrentados.
«Queremos demostrar que la herencia cultural sigue viva», explica Candela. «Lo que hacemos tiene un sonido moderno, pero nace de lo mismo que cantaban nuestros abuelos. Esa conexión es la que emociona al público».
Balateabajo está formado por una veintena de familiares, amigos y colaboradores vinculados al municipio. Más que una banda al uso funciona como una gran orquesta coral donde las voces adquieren un protagonismo absoluto y cada integrante aporta una pieza imprescindible al conjunto.
El Festival Sulayr fue además el escenario elegido para presentar oficialmente «Chavalilla Mía», el primer sencillo del grupo, publicado simultáneamente en plataformas digitales junto a un videoclip grabado en un tinao tradicional de la comarca.
La canción nace de una copla transmitida por tradición oral en La Taha y recupera escenas cotidianas de la vida en los pueblos: los bailes, los encuentros, las cocinas llenas de cacharros o las pequeñas historias compartidas entre vecinos.
Sin embargo, Balateabajo no se limita a reproducir el pasado. También lo revisa.
Junto a las letras tradicionales, incorpora nuevas coplas escritas desde una mirada contemporánea, adaptando ese patrimonio oral a los valores actuales. «Queremos conservar nuestras raíces, pero también hablar desde el presente», explica Candela. «Por eso nuestras canciones mantienen la esencia de la tradición, pero dejan atrás mensajes que hoy ya no representan la sociedad que queremos construir».
La elección del Festival Sulayr para este estreno tampoco fue casual. «Somos vecinos de aquí, de La Taha», cuenta entre sonrisas. «Sulayr siempre ha sido un referente para nosotros. Es como nuestro hermano mayor. Por eso no había un lugar mejor para presentar este proyecto».
No buscan conservar la tradición dentro de una vitrina. Prefieren hacerla cantar, bailar y emocionarse de nuevo.
Porque cuando un mortero marca el ritmo, una escoba se convierte en instrumento y una vieja copla vuelve a escucharse, uno entiende que el patrimonio no pertenece al pasado. Pertenece a quienes siguen encontrando nuevas formas de hacerlo sonar.