Lo raro no siempre irrumpe ni se anuncia. A veces llega sin hacerse notar, como quien no quiere la cosa, y se queda en el borde de un paseo junto al río, en la respiración acompasada de una clase de yoga al aire libre, en ese instante en que el ruido se retira y uno, casi sin darse cuenta, empieza a escucharse por dentro. Hay en esos momentos una forma de música que no suena, pero que también vibra en el Festival Sulayr.
Quizá por eso el festival tendió en 2020 un hilo hacia lugares donde el sonido no se mide en decibelios, sino en presencia. Así llegó el encuentro con el centro budista O Sel Ling, un espacio vecino en la geografía cercana de Sierra Nevada. O Sel Ling fue fundado en 1980. Su nombre, “Lugar de la luz clara”, le fue otorgado por el Dalái Lama tras su visita en 1982, y desde entonces guarda, entre montañas, una vocación antigua.
En ese mismo año, el monje Marcos Kalen -o Thubten Kalden, que también los nombres, como las vidas, tienen sus dobleces- fue entrevistado por el festival, en el municipio de Pampaneira. Una de esas hermosas rarezas que nos acercó a los vecinos más silenciosos y espirituales de la montaña. La conversación, registrada en los fondos del festival, abría una puerta a una trayectoria de vida singular y a una forma distinta de entender los sonidos del silencio.
O Sel Ling ha sido incorporado en varias ocasiones al universo del festival como otros tantos vecinos de La Alpujarra. El Lama Zopa fue uno de esos momentos posteriores. El centro budista forma parte del territorio de La Alpujarra y mantiene vínculos profundos con su entorno. Comparte con los vecinos las acequias, el paso de las vías pecuarias para el tránsito del ganado y de quienes lo guían, integrándose en una red cultural y paisajística donde lo humano, lo natural y lo silencioso conviven sin estridencias.
Lo raro en el festival Sulayr. Silencio, mantra y budismo
El monje budista Thubten Kalden en Sulayr 2020. Foto: Paco Valiente